Somos tan soberbios, creemos que evolucionamos tanto y que somos dioses, que no nos cuestionamos nada de lo que nos dicen. Lo damos todo por hecho. No sabría si decir que más por pereza, resignación o pasotismo que por soberbia. Quizá una mezcla de todas. Lo que sí es cierto es que tenemos una fe ciega en las cosas que ya están implantadas que los que se salen de lo “normal” son desacreditados al instante.
Y es que es muy difícil ir en contra de lo que ya está asumido como “verdad” en la sociedad.
Pero no hay que olvidar que hubo un tiempo en que se consideraba a la Tierra plana, y que los que decían lo contrario eran unos locos o no tenían ni idea. Tampoco hay que olvidar que los que decían que la Tierra era plana eran “expertos”.
¿No os da mucho que pensar? ¿No significa eso que pueden ser erróneas muchas “verdades” de hoy en día?
Creo que para que la sociedad avance, debemos dejar siempre
la puerta abierta. Es decir, podemos dar algo por sentado pero debemos estar
siempre abiertos a nuevas explicaciones y estudios. Dejar todo a la duda es de
sabios.
Mi intención de hoy es descalificar de enfermedad a la anorexia nerviosa, bulimia nerviosa o cualquier trastorno alimentario. Porque no, yo no hablaría de ellas como enfermedad sino como adicción.
No soy médico, ni psicóloga (de momento) pero ya dicen que la experiencia es la madre de la ciencia. No puedes saber lo que es una cosa hasta que no la vives. Y yo, que soy muy de cavilar, que uno de mis dones es que tengo mucha psicología, y que he vivido unos cuantos años de mi vida con anorexia y bulimia no purgativa, he llegado a esta conclusión. Es más, creo que este cambio de visión es necesario para superarlo, si bien es cierto que es algo que bajo mi punto de vista no se supera al 100% ya que, como cualquier adicción, hay peligro de recaída, sobre todo cuando se pasa por una mala etapa en la vida.
También hay profesionales que consideran a las adicciones enfermedades. Sin embargo, para mí una adicción no es una enfermedad, sino una forma de vida, una vía de escape para salir de un dolor, un refugio, incluso en muchas ocasiones una manera de llamar la atención y de pedir ayuda que se nos va de las manos…
Existen diferentes grados de adicción, y es cierto que hay adicciones más peligrosas o menos saludables que otras. Pero no dejan de ser adicciones.
Yo os invito a hacer una reflexión: ¿Por qué se les considera enfermos a los drogodependientes, los alcohólicos, ludópatas, anoréxicas, bulímicas, etc, y no a los adictos al tabaco, a los chicles, a la coca-cola, al deporte, al Whatssap, etc?
¿Qué diferencia hay? Para mí, ninguna.
La adicción en sí no es una enfermedad, la enfermedad es la consecuencia. Por ejemplo, una anoréxica puede llegar a enfermar por la falta de alimentos, ya que su cuerpo necesita “combustible” para vivir. Pero yo digo: “Con una ausencia muy prolongada de alimentos y agua, el cuerpo va muriendo hasta que abandonas este mundo… Con una ausencia muy prolongada de afecto verdadero y buenos valores, el alma se va anulando y te vuelves un muerto en vida.”
Y precisamente, para que tu alma no muera, te aferras a algo que te da vida por un instante. Te vuelves adicto a perder kilos, cosa que te genera euforia y la sensación de tener el control, o te vuelves adicto a comer, a Internet, etc.
Ningún extremo es bueno y, por lo tanto, más dañina es la adicción cuanto mayor grado padezcas de ella.
Mi intención de hoy es descalificar de enfermedad a la anorexia nerviosa, bulimia nerviosa o cualquier trastorno alimentario. Porque no, yo no hablaría de ellas como enfermedad sino como adicción.
No soy médico, ni psicóloga (de momento) pero ya dicen que la experiencia es la madre de la ciencia. No puedes saber lo que es una cosa hasta que no la vives. Y yo, que soy muy de cavilar, que uno de mis dones es que tengo mucha psicología, y que he vivido unos cuantos años de mi vida con anorexia y bulimia no purgativa, he llegado a esta conclusión. Es más, creo que este cambio de visión es necesario para superarlo, si bien es cierto que es algo que bajo mi punto de vista no se supera al 100% ya que, como cualquier adicción, hay peligro de recaída, sobre todo cuando se pasa por una mala etapa en la vida.
También hay profesionales que consideran a las adicciones enfermedades. Sin embargo, para mí una adicción no es una enfermedad, sino una forma de vida, una vía de escape para salir de un dolor, un refugio, incluso en muchas ocasiones una manera de llamar la atención y de pedir ayuda que se nos va de las manos…
Existen diferentes grados de adicción, y es cierto que hay adicciones más peligrosas o menos saludables que otras. Pero no dejan de ser adicciones.
Yo os invito a hacer una reflexión: ¿Por qué se les considera enfermos a los drogodependientes, los alcohólicos, ludópatas, anoréxicas, bulímicas, etc, y no a los adictos al tabaco, a los chicles, a la coca-cola, al deporte, al Whatssap, etc?
¿Qué diferencia hay? Para mí, ninguna.
La adicción en sí no es una enfermedad, la enfermedad es la consecuencia. Por ejemplo, una anoréxica puede llegar a enfermar por la falta de alimentos, ya que su cuerpo necesita “combustible” para vivir. Pero yo digo: “Con una ausencia muy prolongada de alimentos y agua, el cuerpo va muriendo hasta que abandonas este mundo… Con una ausencia muy prolongada de afecto verdadero y buenos valores, el alma se va anulando y te vuelves un muerto en vida.”
Y precisamente, para que tu alma no muera, te aferras a algo que te da vida por un instante. Te vuelves adicto a perder kilos, cosa que te genera euforia y la sensación de tener el control, o te vuelves adicto a comer, a Internet, etc.
Ningún extremo es bueno y, por lo tanto, más dañina es la adicción cuanto mayor grado padezcas de ella.
La primera, la persona tiene que querer. No se le puede obligar a que haga algo que no desea. Y, cuanta más caña le des, producirá en ella el efecto contrario.
La segunda, no hay que tratar la adicción en sí, sino eliminar pensamientos tóxicos en la persona, darle mucho amor y conseguir que se sienta realizada, ya sea a través de un hobbie, un trabajo, etc. También se puede trasladar una adicción dañina a otra que no lo sea, como la lectura, la música, etc. y mantener un grado de adicción que no sea extremo.
Todas las personas tenemos una adicción en mayor o menor medida. Si las adicciones fueran enfermedades, todos estaríamos enfermos. Qué desagradable resultaría vivir en una sociedad enferma.
Unos son adictos a fumar, otros a bailar, al deporte, a Internet, a leer, a la música, otros al alcohol, a las drogas, al juego, etc. Unas más sanas que otras, pero adicciones.
Éstas no son más que maneras de desconectar de aquellas cosas que nos hacen daño. Son maneras de proporcionarnos vida, aunque a veces, sin querer, nos proporcione una muerte interna dependiendo a qué nos aferremos y al grado de adicción.
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vaya... no te puedes contradecir más...defines un trastorno de la alimentacion como adccion, y despues estas alentando a vivir con adicciones como un ser maravilloso.
ResponderEliminarUn trastorno de la alimentacion ES UNA ENFERMEDAD MUY GRAVE, muy dificil de tratar y de prognóstico poco alentador. Es una enfermedad mental y es una enfermedad física. Adicción? Pues si, puede ser en algunos casos definida como un trastorno obsesivo de la conducta, pero para ello hay que estudiar bien el entorno en el que se está desarrollando y los patrones de conducta de dicha persona.
No hableis sin saber, ni saqueis conclusiones simplemente por dejar un texto bonito...